por Camila Bestene

Iara Kremer es una fotógrafa argentina con un tipo de sensibilidad etérea y a su vez concreta. La pasión suele ser contagiosa cuando te hablan de un tema con tanta vehemencia. Junto a su socia Lucía Galli coordinan Santa, una usina de fotografía con más de 20 cursos ubicada en la Galería Patio del Liceo. Este lugar queda en Santa Fe 2729 y ahí también, en principio, fue nuestra cita a las 11 de la mañana y fue a ciegas, no nos conocíamos. Ella llegó en bici, el patio estaba vacío y el café del lugar,cerrado, entonces decidimos buscar otro. Algo me decía que iba a ser una linda mañana, el sol ya estaba, faltaba la charla y el café.

Llegamos, las dos coincidimos enseguida en la mesa que queríamos, al lado de la ventana. Los rayos del sol iban apareciendo intermitentes. Charlando empecé a dilucidar que ella resuena con las cosas simples como cocinar, estar con amigos,viajar, la poesía. En trabajos se puede ver, también, su formación como diseñadora gráfica. Juega con distintos formatos editoriales para responderse la misma pregunta,la inquietud y la búsqueda.

Pero al margen de su simpleza tan particular, en su mundo interior se manifiesta una complejidad que parece inquietarla, hay algo del afuera que ella detecta, un misterio que sólo puede ser resuelto a través de la fotografía. Elige como materia prima el material analógico por el proceso que conlleva, el tiempo que tarda en tomarse captar el momento, sentir el peso de la cámara, las pausas, el entender la luz.

“Me pregunto por la relación entre la imagen y los vínculos que construimos. ¿Somos,sin fotografías?” Así, empezamos a adentrarnos en su obra. Hoy trabaja con dos proyectos en paralelo ““Todo lo que parecía cierto” y “La Caída”.

En “Todo lo que parecía cierto” refleja su inquietud por los vínculos, las separaciones,las uniones, la profundidad de las relaciones humanas. A sus 24 años su mundo familiar se reconfigura. De su casa desaparecen las fotos familiares que estaban en la heladera y los recuerdos que en forma de imágenes descansaban en la  biblioteca. Es así que comienzan a aparecer muchas preguntas sobre el ideal del amor, la verdad en las relaciones, lo inevitable de las separaciones y paralelamente la urgencia de reconstruir su álbum familiar.

“Todo lo que parecía cierto retrata la fragilidad de los vínculos.A medida que pasa el tiempo, el proyecto se va transformando porque parte de mis amigos que aparecen se van a vivir afuera, otros se separaron… Se empiezan a desarmar las historias otra vez y ahí la fotografía retoma su esencia de recuerdo”

En “La Caída” retrata un paisaje imaginario. Recrea un nuevo espacio con material en 35mm y formato medio analógico de los últimos 9 años, con fotos de distintos viajes que van desde Machu Pichu hasta Usuahia.

“Me interesa borrar los límites del medio fotográfico, dudar de las
imágenes y usarlas como territorio al que le pueden pasar cosas.”
Intervenir las fotos, generar foto-montaje o paisajes que nos hagan dudar
de la veracidad analógica.

La fotografía se diluye en un espacio de indeterminación y libertad donde encontrará un nuevo origen. Lo micro y lo macro se unen formando un mismo paisaje.
Ya nada es real”.